Las pujas no deberían ser sinónimo de crisis

Nota de opinión por Diana Tussie, directora de la Maestría en Relaciones Internacionales de FLACSO, y Pía Riggirozzi, sobre el retiro de UNASUR de algunos países de la región.
Publicado en diario Clarín, miércoles 9 de mayo de 2018.
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Las pujas no deberían ser sinónimo de crisis

La decisión de abandonar UNASUR por parte de algunos países dejó paralizado el bloque.

La decisión adoptada por Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú de retirarse temporalmente de UNASUR dejó paralizado al bloque compuesto por los doce países que integran geográficamente Sudamérica. Llamativamente, la decisión se informó al día siguiente del traspaso de la presidencia de Argentina a Bolivia en un aparte de la Cumbre de las Américas realizada en Lima. Cómo y cuándo fue anunciada la decisión lleva a pensar que existen motivos ulteriores en la diplomacia. Macri y Temer apuestan a nuevos lineamientos regionales . No solo de UNASUR, ente político por cierto, pero también de Mercosur.

Esta situación confirma que el regionalismo es una herramienta pragmática aunque no menos crítica para los gobiernos . En este caso los países que motorizan la salida lo hacen en pos de una apuesta al mercado como mecanismo de regulación y principio organizador de las relaciones externas. Hay una racionalidad ideológica más que institucional. El bloque, creado en 2008, siempre estuvo marcado por diferencias ideológicas, aunque las diferencias se resolvieron por la necesidad de mantener la concertación regional. Fue el primer intento de crear un espacio cuya raíz se remonta a la presidencia de Fernando Henrique Cardoso.

Desde su constitución como UNASUR, en 2008, tuvo avances en defensa, salud e integración física, mostrándose muy innovador. Su último secretario general Ernesto Samper dejó el cargo el 31 de enero de 2017. Las divergencias sobre la sucesión paralizaron al bloque regional desde entonces. La crisis se instala así y permite a los países desertores minar el proyecto, desde un lugar “legítimo”. No es crisis institucional lo que define la encrucijada. Si los que abandonan el barco , como han manifestado, no piensan retirarse del órgano político de UNASUR, sino incitar un acuerdo para la sucesión, entonces puede haber un barajar y dar de nuevo.

El punto central es que la divisoria no se hubiera evitado con más institucionalidad. Las instituciones no actúan en un vacío ni político ni económico. Se arman y desarman. Son objeto de pujas como vemos hasta en la Unión Europea. Abordar el análisis del regionalismo en Sudamérica, o en cualquier lugar, como auge y caída, o éxito y fracaso, es caer en facilismo analítico – si no falso dilema. El regionalismo es en esencia co-constitutivo de los estados, sus regulaciones y los mercados, y por lo tanto, es un espacio político donde las políticas son redefinidas y las normas de la política económica son reconfiguradas y ampliadas.

Brasil y Argentina son hoy motores de oposición ideológica/política a Venezuela, uno de los miembros más simbólicamente fuertes de UNASUR. Obraron para correr a este elefante en la sala. Pero la movida es principista.

Hay razones geoestratégicas y económicas también. La Cumbre de las Américas no logró el objetivo de Trump para que hubiera sanciones colectivas contra Venezuela. Si la Cumbre de las Américas no sirvió, UNASUR lo será aún menos. Acorralar a Maduro significa facilitar su recambio. Hoy las reservas de petróleo son más apetecibles frente a la suba del precio en camino; dato estratégico, en tanto Trump concreta la anulación del acuerdo nuclear con Irán. La ya firme presencia de Rusia en Siria entorpece aún más el control energético.

La sombra de EEUU, sin embargo, no significa realineamiento automático, menos aún una única línea de control, a pesar del giro de los gobiernos de la región. Este es un dato a seguir. El éxito de la UNASUR fue justamente que brindó una herramienta para lograr espacios de política rompiendo con la narrativa dominante sobre la integración regional como institucionalización del (libre) mercado y del (libre) comercio.

El éxito o fracaso de UNASUR deberá ser evaluado en relación a las ambiciones y dinámicas integracionistas abiertas en defensa, infraestructura, salud y medicamentos, y por ello según cómo continúe la regionalización frente a los desafíos coyunturales.

Diana Tussie es directora de la Maestría en Relaciones Internacionales de FLACSO e investigadora del CONICET. Pía Riggirozzi es especialista en Relaciones Internacionales de la Universidad de Southampton.