Más allá del voto: cómo están cambiando las culturas políticas juveniles

Por: Luis Alberto Quevedo

De algo estamos seguros: los jóvenes (en Argentina y más allá también) están viviendo una nueva transformación en sus valores, sus prácticas culturales y sus vínculos con la política. Al igual que ocurrió en otras décadas, estos cambios resultan muy significativos a la hora de pensar sus comportamientos en momentos electorales, pero lo son mucho más para entender que suponen un viraje en sus miradas de futuro, en la forma que imaginan sus vidas independientes y en el vínculo que establecen con los otros. ¿Qué significa, por ejemplo, el bien común o la democracia o la solidaridad para los jóvenes? Sabiendo, claro, que cuando decimos los jóvenes hablamos de una gran diversidad de experiencias de vida y percepciones del mundo que nos obligan siempre a entenderlo como un universo heterogéneo y fragmentado. Aclarado esto, podemos señalar las tendencias más generales que hemos podido constatar y que están presentes en la sociedad argentina de hoy.

A partir de varias investigaciones recientes, podemos decir que en este segmento de la población se ha degradado su confianza en las instituciones (desde la escuela hasta los sindicatos y los partidos políticos) y que perciben hoy un mundo que les resulta hostil, o que directamente rechazan sus reglas y que aspiran a un cambio, aunque no tengan claro la dirección del mismo. Pero lo que sí ha cambiado es la forma en que se vinculan entre ellos: a través de las tecnologías y con lenguajes que allí se producen y que les dan nuevos sentidos, alejados tanto de la palabra de los adultos como del habla tradicional de los partidos políticos o de los dirigentes que (literalmente) hablan un idioma que ellos no comprenden y formulan promesas que les suenan gastadas o que simplemente no los interpelan.

En este sentido, uno de los cambios más significativos de la cultura política argentina de los últimos años se observa justamente entre los jóvenes que se han socializado en un universo tecnocultural muy distinto al de las generaciones anteriores. Por eso, prestar atención al comportamiento de las nuevas generaciones no se trata simplemente de observar que votan de manera diferente, sino que vivieron experiencias muy diferentes a las de sus mayores: crecieron atravesadas por crisis económicas recurrentes, precarización laboral, inflación, experiencias dolorosas como la pandemia y una creciente dificultad para imaginar un futuro mejor que el de sus padres.

En una investigación que realizamos junto a Ignacio Ramírez (La gran transformación, Editorial Biblos, 2026) sobre estos cambios pudimos constatar que el 59 % de los jóvenes de 16 a 29 años considera que su situación económica y social es peor que la que tenían sus padres a la misma edad. La antigua promesa de movilidad social —según la cual el esfuerzo, la educación y el trabajo permitirían progresar— ha perdido buena parte de su capacidad para organizar las expectativas juveniles. Por eso viven el presente y el corto plazo con mucha más intensidad (o desazón) que otras generaciones, que estructuraban sus vidas en una línea de tiempo más larga y donde el futuro tenía la promesa de una vida mejor.

En este contexto de transformación de valores, los jóvenes muestran una mayor valoración de la libertad individual, del mérito y de la autonomía personal, acompañada por una creciente desconfianza hacia el Estado y hacia las dirigencias políticas. El mismo estudio muestra que entre 2015 y 2024, la proporción de jóvenes que considera que la libertad es el valor esencial de la democracia pasó del 34 % al 63 %, mientras que la identificación con la derecha ascendió del 15 % al 49 %. La derecha, históricamente minoritaria entre los jóvenes argentinos, se convirtió así en una referencia política central. Este desplazamiento no significa que todos los jóvenes sean de derecha ni que la derecha signifique abrazar los valores del fascismo o algo por el estilo, pero sí que, en términos generacionales, el individualismo, el antiestatismo y la crítica a las formas tradicionales de la política encontraron entre ellos una receptividad particularmente elevada.

A esta transformación generacional se suma una nueva fractura de género. La politización de las cuestiones vinculadas con las mujeres, el feminismo y las diversidades produjo un campo de posiciones y resistencias que comienza a expresarse electoralmente. Las mujeres, especialmente las jóvenes, tienden a conservar inclinaciones progresistas relativamente más fuertes, mientras que los varones jóvenes muestran una mayor propensión hacia discursos de derecha radical, libertarios o reactivos frente a las transformaciones culturales asociadas con el empoderamiento femenino. En 2023 esta diferencia se hizo visible incluso dentro del electorado peronista: mientras el apoyo femenino se mantuvo alrededor del 49 %, el masculino descendió del 51 % al 42 %. El género comienza así a funcionar como un clivaje político que antes tenía mucha menor relevancia en la Argentina.

Estas transformaciones culturales tienen consecuencias electorales porque las nuevas generaciones no llegan a la política solamente con nuevas preferencias partidarias: llegan con otra manera de interpretar la relación entre individuo, Estado y sociedad. El cambio generacional modifica, por lo tanto, el terreno sobre el cual se construyen las identidades políticas. El ascenso electoral de Javier Milei debe entenderse, en este sentido, no únicamente como resultado de una coyuntura política o económica, sino también como expresión de una transformación cultural previa: nuevas generaciones incorporan al cuerpo electoral otras experiencias, sensibilidades, expectativas y desencantos que no conocíamos.

Sin embargo, esta transformación no debe interpretarse como la única forma en que los jóvenes se vinculan con el mundo ni como si lo digital en sus vidas hubiera desplazado definitivamente a los encuentros cara a cara. Lo que parece estar modificándose es, más profundamente, el modo en que los jóvenes construyen sus comunidades de referencia. Las nuevas generaciones pueden elaborar sus posiciones políticas a partir de una combinación de vínculos familiares, grupos de amigos, experiencias educativas, consumos culturales y comunidades digitales. Por ello, para comprender las nuevas culturas políticas juveniles resulta insuficiente preguntar solamente qué piensan los jóvenes o a quién votan. Es necesario preguntarse también con quiénes construyen aquello que piensan, cuáles son sus nuevas autoridades culturales y qué espacios consideran legítimos para expresar sus desacuerdos, sus expectativas y sus demandas.

Desde esta perspectiva, la llamada despolitización juvenil adquiere otro significado. Más que desaparición de la política, podría tratarse de una transformación de sus lenguajes y de sus formas de establecer pertenencia. La crisis de los partidos y de otras instituciones tradicionales no implica necesariamente el fin de la participación, sino la emergencia de otras modalidades de involucramiento político, más fragmentarias, personalizadas y frecuentemente mediadas por las plataformas digitales. En este nuevo escenario, la política deja de ser exclusivamente una actividad organizada por instituciones y comienza a formar parte de un ecosistema cultural más amplio en el que se articulan identidades, emociones, consumos, experiencias personales y comunidades de pertenencia.

Allí reside una de las claves para comprender la transformación contemporánea de las culturas políticas juveniles en Argentina. Los dirigentes y partidos que no tomen en cuenta estas transformaciones tendrán dificultades para ser escuchados, pero al incorporar estas dimensiones tendrán la oportunidad de establecer nuevos diálogos con los jóvenes, que deben comenzar, necesariamente, por saber escucharlos y darles la palabra antes que esperar que solo nos escuchen.


Para seguir pensando cómo cambian las culturas políticas, invitamos a la presentación de La gran transformación de la cultura política argentina, el nuevo libro de Luis Alberto Quevedo e Ignacio Ramírez.

Lunes 28 de septiembre de 2026, 18.00 hs
Lugar: Auditorio de FLACSO Argentina, Tucumán 1966, CABA
Panelistas: Emmanuel ALVAREZ AGIS (economista, director de PxQ), Ana CASTELLANI (socióloga, UBA-CONICET) y Jorge LIOTTI (periodista, La Nación).
Participación abierta y gratuita.